
Fin de semana en Venecia con Luana, maravilloso. Llegamos al aeropuerto de Treviso el sábado por la tarde. Desde allí fuimos a
Conegliano, su pueblo, una bonita villa amurallada, fría y húmeda, conocida por su viñas y su producción de Prosecco, un vino blanco estupendo. Pronto fuimos a hacer un aperitivo como manda la tradición, a base de
spritz y
tramezzini y después fuimos a cenar a una casa rural comida típica italiana: una delicia.
Al día siguiente, después de un café sabrosísimo, cogimos el tren rumbo a Venecia y en cuarenta minutos nos plantamos en un laberinto de canales, calles escondidas, rincones misteriosos y manadas de turistas. Lo bonito de Venecia es perderse por sus calles, salirse del rebaño con cámaras en ristre y descubrir todo lo que tus ojos puedan alcanzar. Recorrimos toda la ciudad con todos sus entresijos y a última hora de la tarde, regresamos a Conegliano. Fuimos a cenar a una pizzeria con la familia de Lú y después salimos a tomar algo a un garito con sus amigas.
Al día siguiente visitamos el pueblo, su castillo y sus tiendas de discos, comimos en casa y a primera hora de la tarde cogimos el avión de vuelta a Barcelona.
Así estoy... preso de la inconsciencia y del amor, disfrutando cada momento como un regalo de cumpleaños, sintiendo emocionado el color de los días.
Sergio